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miércoles, 20 de julio de 2011

Sobre la libertad


Era la amarga verdad, oculta, de mucha gente que se apuntaba a lo alternativo, de las generaciones anti-globalización, de la iconoclastia y la marginalidad, en nombre de algo tan etéreo e inalcanzable como la libertad, precisamente porque la libertad significa no necesitar ni depender de nada, no ligarse a nada, ni siquiera necesitar un nuevo mundo, un cambio en la sociedad, otros valores, una estructura social diferente, ni depender, para bien o para mal, de la situación en que uno se encuentre.

El retorno de Vivianne. Amantes en el Paraíso. Juan Trigo. Ed: mtm

lunes, 1 de junio de 2009

Naturaleza muerta


Según leí hace poco, nuestros errores y nuestras manías nos hacen humanos, pero ¿y el arte?, ¿no será el arte lo que hace que algunos hombres alcancen la divinidad? Este pensamiento se ha deslizado por mi cabeza tras leer un capítulo del libro La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Aquí copio un pequeño fragmento del capítulo titulado “Una existencia sin duración”, y en él realiza una reflexión sobre el arte que me ha parecido sublime:

(…) El sello de la eternidad… ¿Qué vida ausente sugieren a nuestro corazón estos manjares, estas copas, estos tapices y estos vasos? Más allá de los límites del cuadro, sin duda, el tumulto y el tedio de la vida, esa carrera incesante y vana acosada de proyectos; pero en el interior, la plenitud de un momento en suspenso arrancado al tiempo de la codicia humana. ¡La codicia humana! No podemos dejar de desear, y ello nos magnifica y nos mata. ¡El deseo! Nos empuja y nos crucifica, llevándonos cada día al campo de batalla donde, la víspera, fuimos derrotados, pero que, al alba, de nuevo se nos antoja terreno de conquistas; nos hace construir, aunque hayamos de morir mañana, imperios abocados a convertirse en polvo, como si el conocimiento que de su caída próxima tenemos no alterara en nada la sed de edificarlos ahora; nos insufla el recurso de seguir queriendo lo que no podemos poseer y, al llegar la aurora, nos arroja sobre la hierba cubierta de cadáveres, proporcionándonos hasta la hora de nuestra muerte proyectos al instante cumplidos y que al instante se renuevan. Pero es tan extenuante desear sin tregua… Pronto aspiramos a un placer sin búsqueda, soñamos con un estado feliz que no tendría comienzo ni final y en el que la belleza ya no sería fin ni proyecto, sino que devendría la evidencia misma de nuestra naturaleza. Pues bien, ese estado es el Arte.

(…) Pero cuando miramos una naturaleza muerta, cuando, sin haberla perseguido, nos deleitamos con esta belleza que lleva consigo la figuración magnificada e inmóvil de las cosas, gozamos de lo que no hemos tenido que codiciar, contemplamos lo que no hemos tenido que querer, nos complacemos en lo que no nos ha sido necesario desear. Entonces la naturaleza muerta, porque conviene a nuestro placer sin entrar en ninguno de nuestros planes, porque se nos da sin el esfuerzo de que la deseemos, encarna la quintaesencia del Arte, esta certeza de lo intemporal. En la escena muda, sin vida ni movimiento, se encarna un tiempo carente de proyectos, una perfección arrancada a la duración y a su cansina avidez –un placer sin deseo, una existencia sin duración, una belleza sin voluntad.

Pues el Arte es la emoción sin el deseo.

martes, 19 de mayo de 2009

Tomemos una taza de té

Fragmento del libro "La elegancia del erizo", de la autora Muriel Barbery. Aún lo estoy degustando. La verdad es que me está costando, pues en algunos momentos se convierte en un libro de filosofía profunda, pero bueno, con un poco de atención se pueden cazar perlas como la que sigue:

Sirvo el té y lo degustamos en silencio. Nunca antes lo habíamos tomado juntas por la mañana, y esa brecha en el protocolo de nuestro ritual tiene un extraño sabor.
-Es agradable- murmura Manuela.
Sí, es agradable pues gozamos de una doble ofrenda, la de ver consagrada en esta ruptura en el orden de las cosas la inamovilidad de un ritual al que hemos dado forma juntas para que, tarde tras tarde, se enquistara en la realidad hasta el punto de conferirle sentido y consistencia y que, por el hecho de transgredirse esta mañana, adquiere de pronto toda su fuerza; pero saboreamos también, como lo habríamos hecho de haber sido un néctar preciado, el don portentoso de esa mañana incongruente en la que los gestos mecánicos toman un impulso nuevo, en la que aspirar el aroma, probar, dejar reposar, servir de nuevo, beber a pequeños sorbos viene a ser vivir un nuevo renacer. Esos instantes en que se nos revela la trama de nuestra existencia, mediante la fuerza de un ritual que recuperaremos como era antes con mayor placer aún por haberlo infringido, son paréntesis mágicos que le ponen a uno el corazón al borde del alma, porque, fugitiva pero intensamente, una pizca de eternidad ha venido de pronto a fecundar el tiempo. Afuera, el mundo ruge o se adormece, arden las guerras, los hombres viven y mueren, perecen unas naciones y surgen otras antes de caer a su vez, arrasadas, y en todo ese ruido y toda esa furia, en esas erupciones y esas resacas, mientras el mundo va, se incendia, se desgarra y renace, se agita la vida humana.Entonces, tomemos una taza de té.

Reflexiones de un peregrino


Del libro “Bueno, me largo”, de Hape Herkeling. Este libro ha sido un exitazo de ventas en Europa (más de 3.000.000 de libros vendidos), así que si este verano teneís pensado hacer el Camino de Santiago, seguro que os contrareís con algún que otro lector de este libro que pretende emular al protagonista. El libro está entretenido, y parece que el autor si que consiguió algún tipo de iluminación espiritual. No puedo dejar de sentir cierta envidia, pues en mi experiencia como peregrino la iluminación me resultaba todavía inalcanzable, así que este verano lo volveré a intentar de nuevo, a ver si doy con el interruptor de la luz.

Aquí comparto algún que otro fragmento del libro, que por diversas razones me han llamado la atención.


(…) Después de todo, el humor no es más que una especie de válvula de escape. Quien se ríe de corazón, está diciendo: no soy peligroso. Quien intenta provocar una risa o una sonrisa, simplemente está preguntando: ¿eres peligroso, o te agrado? Y se nota cuando surge de corazón. (…) En los chistes buenos sólo importa una cosa: la inteligencia, junto con una descarga de amor y miedo.
¡El humor tiene que venir de las tripas y debe abrir y ensanchar la mirada! Y una pizca del bajo vientre hace sensual un chiste.

¿Qué nos hace humanos? Nuestras pequeñas manías y los grandes errores. De no ser por ellos, ¡todos seríamos dioses ambulantes!

Quien quiera experimentar una iluminación espiritual, probablemente deba experimentar su absoluto contrario: la oscuridad.

Durante mi camino me he preguntado, una y otra vez, qué significa realmente el sufrimiento. A la larga el sufrimiento es una incomprensión. Y cuando no comprendemos algo debemos tener confianza. De modo que a veces es nuestra actitud la que nos hace sufrir.

Y la hermandad parece ser algo que quiere enseñarme este camino. Pese a todas las diferencias que hay entre los peregrinos, el camino me obliga cada vez más a buscar lo que tenemos en común, lo que me une a ellos y no lo que me separa. Todos buscamos la misma meta sí, y la hermandad, quizás la más terrenal de todas las virtudes, sólo puede aprenderse aquí y ahora. Y cada uno hace lo que puede.

De pronto me siento estrechamente unido a todas las personas que han recorrido este camino, con sus deseos, sus anhelos, sus sueños, sus temores, y siento que no estoy haciendo solo este camino.

lunes, 27 de abril de 2009

Remover los copos de avena


"Remover los copos de avena" es un concepto que aparece en el libro Psicología del amor romántico, de Rober A. Jonson, y estos parrafos que aquí copio pertenecen al libro Meditación Vipassana y Gestalt, y explicado por Dhiravamsa:

Remover los copos de avena es un acto humilde, que no es excitante ni emocionante, pero que simboliza una cualidad de relación que hace descender el amor a la tierra. Represente una voluntad de compartir la vida humana corriente, de encontrar significado en las tareas sencillas y poco románticas: ganarse la vida, vivir dentro de un presupuesto, sacar la basura, dar de comer al bebé en la mitad de la noche. "Remover los copos de avena" implica encontrar la capacidad de relacionarse, encontrar el valor, la belleza incluso, en las cosas sencillas y corrientes, dejar de exigir eternamente un drama cósmico, un espectáculo o una intensidad extraordinaria en todo. Igual que el construir el hielo de los monjes Zen, la rueca de Gandhi, el montar la tienda de campaña de San Pablo, representa el descubrimiento de lo sagrado en medio de lo humilde y lo corriente.

Jung dijo una vez que el sentimiento es una cuestión de lo pequeño y en el amor humano eso parece ser cierto. La relación verdadera entre dos personas se experimenta en las pequeñas cosas que hacen juntos. Por ejemplo, la conversación tranquila cuando cesa la agitación del día, una suave palabra de comprensión, la compañía diaria, el coraje que se ofrece en un momento difícil, el regalito inesperado, un gesto espontáneo de amor.

Cuando dos personas se relacionan genuinamente la una con la otra, están deseosas de entrar juntas entodo el espectro de la vida. Son capaces de transformar incluso las situaciones aburridas, difíciles y mundanales en un componente alegre y satisfactorio de la vida. Por el contrario, el amor romántico solamente puede durar mientras los componentes de la pareja están embriagados el uno del otro, mientras dura el dinero y la diversión es excitante. "Remover los copos de avena" quiere decir que dos personas hacen descender su amor desde el nivel aéreo de las fantasías excitantes y lo convierten en una inmediatez terrenal y práctica.

El amor se siente satisfecho de hacer muchas cosas que al ego le aburren. El amor se siente deseoso de trabajar con los humores y las sinrazones de la otra persona. El amor está deseoso de preparar el desayuno y llevar la contabilidad. El amor está deseoso de hacer estas cosas de "copo de avena" de la vida porque se relaciona con una persona, no con una proyección idealizada.

jueves, 15 de febrero de 2007

LAURA Y JULIO

Es un libro inquietante por las situaciones que plantea, en el que da la sensación de estar viviendo un mal sueño. Además dentro de la historia Millás escribe cuentos que son más raros todavía. Si mi terapeuta me preguntara ¿y que sientes en el cuerpo cuando lees esto?, yo le diría es..., no se, como ansiedad en el estómago. A continuación he copiado un fragmento:

“Amanda aplastó la colilla del canuto contra la superficie del cenicero y añadió:

- Yo empecé a estudiar sociología, aunque luego lo dejé. Mi madre cree que he acabado. El caso es que un día vino a la facultad un tipo muy famoso que nos dio una conferencia sobre las prótesis psíquicas.

- ¿Prótesis psíquicas?

- Sí, inmateriales, que no se ven, pero que actúan. Por ejemplo, es muy probable que mi hija, al no tener padre, desarrolle un padre interior, un padre invisible, una prótesis de padre que sustituya la ausencia del real. Por lo visto, todos tenemos alguna prótesis de esta naturaleza porque en las sociedades desarrolladas el cuerpo psíquico está más mutilado que el físico. Si pudiéramos ver el cuerpo psíquico con la facilidad que vemos el físico nos quedaríamos espantados. Lo hemos hecho polvo. Eso dijo aquel tipo. No recuerdo cómo se llamaba.”

JUAN JOSÉ MILLÁS

LAURA Y JULIO

Ed. Seix Barral